Tiempo que vuelas libre sin dueño
y señor, deidad de las dudas y los
desaires que el amor en mi distrae.
Sueño de juventud, realidad entonada
sin jerarquía ni vasallaje, furor aciago
de sensaciones varias y distantes.
Años enaltecidos por deseos mundanos
que brotan a flor de piel, quimeras a
alcanzar con manos vacías de pudor.
Ideas que vagan por senderos extraños
a aquella razón perdida y febril, manos
que en el aire bordean irascibles verdades.
Besos, labios encarnados en transitoria
locura y hastío, besos que traicionan
subconsciente creado de nada absoluta.
Surgen de la nada abrazos pueriles que
sollozan por amantes prohibidos, corazones
rotos de dolor y sangre, rojo atardecer.
Lapso insulso, inefable e ineludible como
un regalo de elocuencia maldita, promesas
baldías que surcan océanos de lágrimas.
Eres tu, dueño y señor de la vida,
el que sustrae de equilibro la pasión
forjando a metal y yunque destino
aquel que escrito está, pluma y
tintero invisible, papel de hoja
caduca y temprana, muro eterno
pintado a corcel de magma helado.
Eres tu, y solo tu, guía de lenguaje
sutil y hechizos de luna llena,
sándalo de fragancia etérea y bruma
serpenteante, aroma de histeria y
de pasión desbocada, imagen y
requiebro, grafía antigua en lienzo
de plata y arena enjuta de sentimientos.
Fuiste, eres y serás…
Tiempo al tiempo…
Tiempo, dichoso tiempo…

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