Presencia que ilumina y florece

en el jardín, firme cosecha

de lluvia fina y arena.
Sueño, canción de cuna
al dormir, estrella dorada
bailando junto a la luna.
Permite curar la herida
abierta, destello y fulgor
encerrado en el frío cristal.
Agravio de amor vestido
de confuso y tenue lamento,
vago futuro que espera su turno.
Circunstancias que cambian
de parecer, ocultando tristeza
y dolor, luz que marchita.
Amaina pronto, céfiro cruel,
permíteme soñar una vez más
junto a ella, mi ángel de la guarda.
Rasgaré cielo por tí
si saber de tus labios
convirtiérase en honra bendecida
y aroma que mezcla esperanza.
Espérame, vida mía,
como quien espera lo inevitable
por deseado,
y tu anhelo será mi fuerza…

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