Niebla en un día soleado. Y no son mis ojos los que colorean el cielo. Es la vida la que transforma a su antojo lo que parecía indestructible. Porque somos vulnerables. Muy vulnerables. Caminamos embutidos en zapatos que tratan de resguardar nuestros pies de las piedras del camino. Y, solamente con eso, creemos con firmeza que nada nos hará caer, y que los altibajos del sendero no nos harán tambalear. Y andamos convencidos que somos un muro infranqueable a prueba de pruebas. Pensamos que por salvar ciertos obstáculos nos hacemos más fuertes y poderosos. Y así es en cierto modo. Sin embargo, si lo pensamos bien, nos daremos cuenta que no estamos lo suficientemente guarnecidos para lo que puede venir. Porque nuestra fragilidad es tal que lo invisible logra tambalear nuestro equilibrio.

Y es ahí donde llega él. Majestuoso rey conquistador silencioso. Que se cuela en nuestros zapatos entre los cordones. Como por arte de magia asciende imperturbable y se cuela en nuestra piel atravesando ropajes y capas de incredulidad. Y allí se queda a pernoctar. Pero no para una noche. Sino para un lapso indeterminado e indeterminable. Y así nos manejará a su antojo. Y en nuestra debilidad se hará prácticamente indestructible. Usará nuestra inconsciencia para someter nuestros pensamientos y dominará con total libertad nuestro destino. Se sentará en el pedestal donde armonizará el horizonte tiñéndolo de oscuridad y ocaso.

Y ya seremos niebla en un día soleado. Dispersos caminantes en una vía que solamente tiene un sentido de la marcha. No podremos mirar atrás. Porque nuestra mente permanece en sus manos. Y no nos permitirá aferrarnos al pasado para poder afrontar el futuro inmediato con ciertas dosis de confianza y seguridad en nosotros mismos. No seremos capaces de discernir el bien del mal. Porque será tedioso y descorazonador no poder ser dueños de cada cosa que hacemos, de cada soplo de aire que respiramos. Ni siquiera de los latidos de nuestro corazón. Porque ya le pertenecemos para siempre. Somos suyos. Y vagaremos como zombis, sin voluntad, sin acervo, sin nada.

Pero llega un día en que la niebla deja paso al día soleado. Y sabremos por fin qué ha sido de nuestra voluntad. Y encontraremos a personas maravillosas que, incluso sin saber quiénes son, han velado por nosotros. Y que han cuidado de nuestros pies a pesar de llevar los zapatos puestos. Y nos ofrecerán un poco de esperanza. Y ese infortunio vivido y resistido se convertirá en nuestro mayor tesoro: querer seguir viviendo. Por nosotros, por los que nos rodean. Porque querremos caminar por ese sendero. Pero con unos zapatos remendados. Esos que nos ha enviado la fuerza y el tesón de los que creían en nosotros cuando éramos presa del miedo y la tristeza. Porque aun en la alegría, seguimos y seguiremos siendo vulnerables. Sin embargo, la sola idea de caminar entre la multitud que ha sentido la niebla en un día soleado nos arengará a buscar un punto en nuestro horizonte que nos aliente a seguir adelante.

Porque, juntos, lucharemos por conseguirlo.

Dedicado a tantas y tantas personas que lucharon, luchan y lucharán por vencer al cáncer. A sus familiares y amigos por la templanza, solidaridad y apoyo incondicional. A todas aquellas personas que no pudieron dejarlo atrás y se marcharon antes de tiempo. A todos los profesionales sanitarios que no cesan en hacer lo imposible por ayudar. En definitiva, a tí que lees este humilde post.

Porque la niebla desaparezca y el sol vuelva a brillar. Por el amor y la esperanza. Por ser valientes. Por no desesperar ante la desesperanza.

#DíaMundialContraElCáncer #WorldCancerDay #laspalabrasquellevaelviento

Asociación Española Contra El Cáncer

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