Fueron luciérnagas encendidas las que
enseñaron el camino, vereda insalvable
de marchitas flores y viento de resaca.
Acudí a tu presencia sorteando oscuridad
e infortunio, albor de miedo y tinieblas
que abraza infinito como tiempo real.
Silencio y frío en aquella mirada indúbita,
temor a ser descubierto, corazón roto
y sentimiento herido, furibunda necedad.
Palabras esquivas hiriendo como puñales
afilados, contemplaciones vacías en la
parcialidad negativa, desdén consumado.
Ilegible grafía de contornos imposibles
que acecha de insolencia etérea el hueco
vencido de almas que anudadas se buscan.
Anidaré erguido de emociones donde
los versos viven desordenados, ilusiones
vestidas de estatuas, sueños de azúcar y sal.
Porque allí seré yo, alma errante de emociones
y sombras, caminante solitario en busca,
humilde guardián de mi casa y tu corazón.

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